miércoles, 16 de diciembre de 2009

Intolerancias: Cuando el cuerpo dice "no"

ORIGEN: http://www.fibromialgia.nom.es/noticias-fibromialgia-sindrome-fatiga-cronica-sqm-2009/intolerancias-cuando-el-organismo-dice-no.html

(Hi ha una extensa explicació de les diverses intoleràncies, però només incloc aquí la part d'intolerància alimentària, més corrent en la FM)

En Medicina, se conoce como intolerancia aquel proceso según el cual, el organismo reacciona adversamente al contacto con una sustancia determinada, de manera que el mismo produce una determinada reacción física que puede llegar a provocar incluso la muerte. Las alergias respiratorias, las intolerancias alimentarias o la intolerancia química múltiple son claros ejemplos de cómo, en ocasiones, nuestro organismo rechaza sustancias aparentemente inocuas.

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Las intolerancias alimentarias
Como apunta el Doctor Modesto Varas, Jefe del Servicio de Aparato Digestivo de CIMA, cabe distinguir dos grupos dentro de las llamadas intolerancias alimentarias; por un lado las alergias a determinados alimentos o intolerancias alimentarias propiamente dichas, entre las que destacan la intolerancia a la lactosa y al huevo; y la celiaquía o intolerancia al gluten. Esta diferenciación se debe a una cuestión capital, “la celiaquía, a diferencia de las intolerancias alimentarias, produce una afectación del organismo en forma de atrofia del intestino”, señala el Doctor Varas.
La enfermedad celíaca, en personas predispuestas genéticamente, está producida por una reacción alérgica del intestino al gluten (gliadina), proteína que se encuentra en los alimentos que contienen trigo, cebada, centeno o avena. Su prevalencia es de 1/150. Es una enfermedad de por vida, aunque el diagnóstico se realiza tardíamente, frecuentemente en la edad adulta. Los síntomas clásicos incluyen pérdida de peso, distensión abdominal, gases, diarreas (por mala absorción intestinal), anemia ferropénica, osteoporosis, debilidad y abortos recurrentes

Se estima que entre un 30 y un 50% de la población “sana” sufre
intolerancia a la lactosa, la alergia alimentaria más común

La celiaquía puede diagnosticarse con análisis de sangre (anticuerpos como el Antiendomisio y la Transglutaminasa tisular que poseen muy buena sensibilidad y especificidad); pero es necesario examinar una muestra de tejido intestinal, obtenida por endoscopia (biopsia) para confirmar el diagnóstico histológico. La celiaquía es una enfermedad crónica tanto en el niño como en el adulto, pero la salud es buena si se sigue una dieta estricta sin gluten; los alimentos que deben evitarse incluyen aquellos que contienen harina de trigo como el pan y sus derivados, pasteles, galletas, conservas, así como los que contienen centeno, cebada o avena.

Para prevenir recidivas, deficiencias nutritivas (especialmente patología ósea) y complicaciones autoinmunes o neoplásicas (linfoma intestinal y adenocarcinomas digestivos), se recomienda una dieta estricta exenta de gluten. Se están ensayando tratamientos alternativos que incluyen una vacuna todavía en experimentación.
Entre las intolerancias o alergias alimentarias, la intolerancia a los azúcares (lactosa, fructosa, sacarosa) es muy frecuente; concretamente la intolerancia a la lactosa se presenta en el 30-50% de la población “sana”, con síntomas como diarrea, dolor abdominal, y gases, que en ocasiones se han atribuido a un colon irritable, y en realidad son debidos a la mala absorción de azúcares o carbohidratos. El diagnóstico se puede realizar de forma sencilla por el test del aliento con la determinación del H2 en el aire espirado después de la administración oral del correspondiente carbohidrato.

Su eliminación de la dieta (productos lácteos en el caso de la intolerancia a la lactosa, y frutas en el caso de la intolerancia a la fructosa) produce resultados espectaculares.
Más allá de la celiaquía, las alergias alimentarias más frecuentes lo son a las proteínas de la leche de vaca y de la clara del huevo, a los pescados, crustáceos y mariscos, y a las frutas y legumbres. Estas alergias suelen producir síntomas cutáneos agudos (urticaria, etc…), síntomas digestivos agudos (náuseas, vómitos, dolor, diarrea), y en un pequeño porcentaje de casos, anafilaxia generalizada. El único tratamiento eficaz es la dieta de exclusión o eliminación del alergeno.

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